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Junio 2013 - Viaje al otro lado del mundo: Gobi March

Aventuras de un argentino en China: Gobi March 2013

Por: Juan Ricardo Ferrero

Viaje al otro lado del mundo: Gobi March en China

Hora de cargar las maletas en la camioneta con destino a la ciudad de Rosario. A las 9:00 hs. del 28 de Mayo, Edelweis prepara el mate y el equipo de viaje; sin antes pasar por el colegio de nuestros hijos en donde nos esperaba para despedirnos nuestra hija menor Sofía. Enzo, el hijo mayor se había despedido más temprano ya que cursa el secundario. Mi hermana Alicia nos acompañaría a Rosario a tomar el llamado "Tienda León" directo a Ezeiza. Allí comimos y llegó la hora de partir hacia el próximo desafío.

En Ezeiza cumplí con la promesa de dejar una pulsera al hijo de Mabel, una amiga que sigue todas mis carreras. No nos conocemos personalmente, pero estamos en contacto. Muy tranquilo, y preparándome para el trayecto, me encuentro con una persona de United "apure, apure" se va el avión con destino a Houston. Llegué último y ahí nomás de perder el primer vuelo. Ramón Abdala me esperaba desesperado "que te pasó", le digo, "nada creía que tenía tiempo y casi pierdo el vuelo Ramón". Y en un mendocino profundo, me dice "que huevon el cordobés, me hiciste sufrir, creía que te había pasado algo".

 

Destino a Houston el vuelo demoraría 10 horas 30 minutos, interminable. Ya en Houston deberíamos hacer Aduana, y con los del norte es bastante complejo, te hacen sacar hasta las zapatillas. Ramón iría en otro vuelo más tarde, y a mí me tocó correr ya que tenía 1 hora para tomar el vuelo a San Francisco. Ahí nomás, y llegué último en la fila, justo. Cuatro horas más de vuelo y nos encontramos en vuelos internacionales nuevamente con Ramón. Espera, y vuelo a Shangai, otras 13 horas. Más interminable aún, una locura. Realmente en el otro lado del mundo. Cambio de hora, cambio de meridiano, etc. Llegamos a Shangai y nos esperaba un chino que se hace llamar "Luis". Chino que habla muy bien el castellano. Aquí nadie habla el inglés, nosotros tampoco. Se habla en chino mandarín, nosotros a las señas. Sebastián Armenault, el tercer argentino del grupo nos esperaba en el hotel de la mejor manera "con Gatorade, frutas y con todo su equipo desparramado en las camas", y Narvaez el chileno en otro hotel. Los únicos 4 sudamericanos que competiríamos en Gobi.

 

Ya en el hotel Charm's preparamos el equipo de la carrera, primeras anécdotas. Yo llevo, vos llevas, lo de siempre. Cada uno lleva cosas distintas, y en cada carrera es un acto ritual que perigue a todos los corredores. Fueron 35 horas de vuelo más las escalas, dos días. A comer una pizza, luego a dormir unas pocas horas. A las 5:00 am a levantarse y a ponerse en marcha hacia el aeropuerto doméstico de Shangai. Check in, café, luego de un curso para pedirlo y pagarlo. Otra anécdota, al argentino mejor viajado Sebastián se le olvidó el "Victorinox" y en aduana se lo sacaron, luego de abrirle y revisarle todo el bolso. A todos nos pasa. Siempre nos olvidamos de algo. Aquí hablan sólo su idioma. Dos ingleses corredores nos vieron y nos saludaron como viejos amigos. El "Código Corredor" como siempre digo. Urumqi a 5 horas de vuelo, avión de línea aérea China, con comida "picante" muy China. Cruzamos el país hasta el noroeste en los límites con Mongolia, Rusia y Kasajistán. Luego 4 horas de espera y 2 horas más a Bole. Más de tres días de viaje, otra carrera.

 

Son dos carreras distintas en éste lado. El viaje y la carrera propiamente dicha.

 

La Carrera:

 

"En mi caso vengo por mi tercer desierto y para terminar la serie en 2014 en La Antártida. Otros su primer desafío. Solo 3 argentinos, un chileno y dos españoles que hablamos el mismo idioma. De todos los lugares, vemos sus banderitas en las mangas de las chaquetas obligatorias. Un orgullo muy grande llevar la celeste y blanca. Recepción en el hotel Bortala, saludos con Ross, Alina, Scott y los demás de la organización Racing The Planet, y a la habitación. Una extenuante preparación del equipo y a dormir. A las 7:00 am se realizaría el desayuno, luego revisión de equipo y traslado al desierto de Gobi que nos llevaría una hora aproximadamente.  Los campamentos desplegados en las planicies de Mongolia, nos dan un espíritu de aventura impactante. Los liofilizados con agua caliente ya empezaron a ser parte de nuestra dieta. Las ampollas a la orden del día, en cada una de las etapas. El compañerismo en la tienda 7 se hace notar por sobre otras, es que los latinos tenemos un carácter bastante distinto a otros. Abdala se hace cargo de llevar la fé a un muy alto nivel con sus andanzas y sus anécdotas. Armenault un doctor curándose ampolla por ampolla, hasta parece que pacto en hacerse una cada día. El español Llanos un hijo mimado del grupo. El chileno Narvaez con su proligidad y firmeza en levantarse cada día muy temprano a desayunar. Bea la española montañista y periodista que nos cuenta como hará para poder filmar alguna etapa. El amigo suizo Roberto Rivola de la carpa vecina con los top 10 de la carrera nos visita al final del día. El ruso que conocí en Sahara, que nos entendemos solo con mirarnos y que persigue el mismo desafío que yo. En cuanto a los recorridos fueron variando etapa a etapa. Les diría que ninguno nos imaginábamos correr en tanta montaña, pero no quedaba otra. El camino se caracterizó por tener piedras sueltas, valles y subidas y bajadas con mucho verde, ríos y puentes colgantes. Tiendas mongoles y kasajas por todo el recorrido con sus cabras y ovejas, también sus perros. Hizo mucho frío, tanto que la Larga Marcha se vió suspendida para evitar hipotermia en los corredores. Fueron 230 km de recorrido y no 250 km, algo que en estas carreras es bastante normal. El clima manda".

 

Mi llegada y el sueño:

 

"La llegada a la meta en Gobi marcó para mí a fuego el proyecto. Sentir que Gobi me dejaba a un paso del último desierto, The Last Desert. Habián pasado 3 continentes, muchos entrenamientos, muchos sacrificios. Soñé con algo que se estaba dando, aunque quede un desierto más. Lloré en la meta amigos, como nunca pero lloré de emoción y de alegría. La bandera argentina en mi pecho como en los otros desiertos me hacía sentir orgulloso de portarla. Me acordé de la familia, de los amigos. De los que están y de los que no. Sí, lloré de emoción y Ramón Abdala es testigo de ello y también lloró por mí y quizás también por él. En Octubre de 2014 será el último exámen, y allí estaremos nuevamente para seguir soñando".

 

Y como digo "tu cuerpo es el límite, pero no tu mente".

 

"Ahora, en el avión que me lleva de Shangai a New York, me tomo un tiempo para rememorar y escribir en retrospectiva lo vivido. Las horas de viaje. Las aventuras con el grupo. La carrera. Un montón de detalles que los llevo dentro y que nunca se me olvidaran. Así vivo la vida, así me gusta recorrerla, lejos pero junto a mi familia que es el motivo de mi pasión. En estos tiempos uno se dá cuenta que los necesita, y que sin ellos no es lo mismo.

 

Quiero dedicar estas pocas palabras a Edelweis la única razón, a mis hijos Enzo y Sofía que son la luz de mi vida. A mi vieja que me espera todas las mañanas con su típicos mates e informes policiales. A mis hermanas Alicia y María. A mis amigos, a todos; a los de la vida y a los que conozco cada día. He sumado a Ramón, Sebastián, Carlos, Beatriz, Raúl aunque la distancia nos separe, pero algún camino nos junte nuevamente. Y a todos aquellos que conozco y que no, pero que me alientan cada día".

 

Relato de Juan Ricardo Ferrero para Recorrer una forma de vida. Imágen: Gentileza de Racing The Planet. Fotógrafo: Scott Manthey